igandea, uztaila 22, 2018

Calvino: "...redacciones de periódicos y de telediarios, escriben, hablan y piensan en la antilengua"

Italo Calvinok, an bere L'antilingua, kritikatzen zuen nóla, besteak beste, redacciones de periódicos y de telediarios, escriben, hablan y piensan en la antilengua, zeinen característica principal es lo que yo definiría como «terror semántico», es decir, la huida de todo vocablo que tenga un significado en sí mismo, como si ‘botella’, ‘estufa’ o ‘carbón’ fuesen palabras obscenas, como si ‘ir’, ‘encontrar’ o ‘saber’ indicaran acciones infames.

Kazetariaren lana ez da izaten soilik "egia" inpartzialki kontatzea (gordez urruntasun kontrolatu bat respektu gertaerak zein ari diren kontatzen), baizik-ere egitea lan personalagoak, hala nola autore-kronikak, analisi kritikoak edota, zuzenean, iritzi-artikuluak (non, bistan denez, kazetaria gehiago bustitzen den).

Esana dugu ze aipatutako urruntasun kontrolatu hori ez dela ihesa eta are gutxiago terrorea, baizik eskakizun profesional bat (erroreak errore). Baina, areago, esan behar da ze, noiz kazetariek idatzi lan personalagoak, egiten dutela justuki kontrakoa ki ihesa. Ikus adibidez gaur bertan Mercedes Gallego kazetariak idatzitako pasarte hauek gáin egoera zein ari den bizitzen an Nikaragua (El Correo, 2018-7-22): 
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No le entrenó la CIA ni le dio armas Cuba. Ni siquiera le adoctrinó ningún partido político. Hasta hace tres meses el comandante Guardabarranco se consideraba «un ciudadano modelo» que nunca se imaginó a sí mismo haciendo las cosas que hace hoy. Le ha tocado amenazar a la directora de un hospital para que atendiera a los heridos, defender las barricadas y encontrar casas de seguridad para su gente en la clandestinidad. Él mismo anida en las lomas y cambia de cama cada noche desde que el martes el Gobierno de Daniel Ortega embistió con toda su fuerza paramilitar contra Monimbó, el último reducto rebelde de la emblemática Masaya que le dio la victoria al Frente Sandinista hace exactamente 39 años.
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Cada injusticia ha sido un chispa que ha incendiado la hoguera de los agravios. En los últimos once años de Gobierno, Ortega ha desmantelado las precarias instituciones para permitir la victoria con un 35% del voto, la reelección indefinida, el debilitamiento de otros partidos políticos, la captura del Consejo Electoral, el sometimiento de la Asamblea Nacional y del poder judicial. De ahí que el lema de la nueva revolución sea 'Justicia y Democracia'.
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Muchas cosas han cambiado en estos tres meses. Las previsiones económicas se han ido al garete. Nicaragua ya no es «la nueva Costa Rica» que celebraba en febrero la revista 'Travel+Leisure'. Ha roto la alianza con los empresarios, ha tiroteado las iglesias, ha formado un ejército paramilitar con el que sembrar el terror y ha secuestrado y torturado a jóvenes desarmados «que, por supuesto, fueron a esconderse bajo las sotanas de los curas», otorga. Ni todas las lágrimas de Nicaragua han podido apagar el incendio. En ese proceso se ha revelado como un sangriento dictador dispuesto a matar para mantener el poder. «Y una cosa es estar cómodo con un autócrata y otra con un asesino», reflexiona el director de Ética y Transparencia. Ortega ha perdido las alianzas sobre las que cimentó su statu quo y la financiación para su populismo. El canto del Guardabarranco al amanecer es hoy el de su ocaso. 
Nik ez dut ikusten arrastorik ere e terrore semantikoa e Calvino.

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